Zeitgeist es una palabra alemana que suele traducirse como “espíritu de la época” y trata de ponerle nombre al difuso concepto de las oleadas de patrones culturales que con cierta frecuencia atraviesan a la humanidad a lo largo de su historia. También es el nombre que se le dio a una serie de documentales muy famosos en la primera década de este nuevo siglo y en consecuencia a un movimiento contracultural que se generó a raíz de ellos e irónicamente terminó decayendo siendo presa de su propio concepto. Es evidente que estas oleadas culturales y corrientes de pensamiento existen y escenifican momentos en donde las voluntades de gran cantidad individuos entran en fase, configurando un clima de época. ¿Las oleadas tienen una lógica? ¿Evolucionan hacia algún lado con cierta “inteligencia”? ¿Son meras mutaciones aleatorias de le consciencia colectiva como respuesta a un contexto material cambiante? ¿Son manifestaciones del espíritu absoluto como creía Hegel? ¿Son los intereses de la c...
La calma nunca es duradera y así como todas las cosas deseadas subsiste por menos tiempo del que creemos necesitar. Que tremendamente inocente y hasta graciosa me resultó siempre esa falsa creencia de quietud, algo así como construir alegremente un castillo de naipes en el ojo de un huracán, creyendo firmemente que ese momento soñado durará para siempre. Pero no por ingenuo deja de ser tremendamente efectivo el autoengaño. Por lo general, no solo las señales externas se difuminan en el horizonte, sino que toda energía subterránea es exitosamente ignorada. Sin embargo, esa llama interna no se alimenta de atención sino de resortes más sutiles que están más allá de las voluntades conscientes, por lo que todo intento de conservación está condenado indefectiblemente al fracaso. El fluir del tiempo es tan irreversible como inevitable y esas dos características pesan en el alma como una mochila de plomo. El final está siempre marcado de antemano y no importa cuánto esmero se hay...