La realidad es un concepto escurridizo. Es fuerte y fundamental como una base de concreto pero a la misma vez tan inseguro y endeble como el más efímero castillo de naipes. Es aterrador el solo intentar poner en duda lo que nos brindan nuestros sentidos y preguntarse. ¿Qué es real? Más escalofriante aun es la respuesta que surge de un análisis no muy profundo: No tenemos a disposición de nuestra conciencia las herramientas para poder responder esa pregunta. No conocemos la realidad. Lo que ingenuamente llamamos realidad no es más que un conjunto de fenómenos inseparables de mí ser que tienen una existencia parasitaria, subordinada a mi conciencia. Son solo reflejos de mi conciencia, es la realidad en si reflejada en un espejo que es único, mi ser. Estos reflejos dependen de la realidad “en si”, que es desconocida por mi, y de el espejo que les dio origen. Como la realidad “en si” es la misma siempre, la discrepancia entre los reflejos de una misma cosa se encuentra en los difere...