
La realidad es un concepto escurridizo. Es fuerte y fundamental como una base de concreto pero a la misma vez tan inseguro y endeble como el más efímero castillo de naipes.
Es aterrador el solo intentar poner en duda lo que nos brindan nuestros sentidos y preguntarse. ¿Qué es real?
Más escalofriante aun es la respuesta que surge de un análisis no muy profundo: No tenemos a disposición de nuestra conciencia las herramientas para poder responder esa pregunta. No conocemos la realidad.
Lo que ingenuamente llamamos realidad no es más que un conjunto de fenómenos inseparables de mí ser que tienen una existencia parasitaria, subordinada a mi conciencia. Son solo reflejos de mi conciencia, es la realidad en si reflejada en un espejo que es único, mi ser.
Estos reflejos dependen de la realidad “en si”, que es desconocida por mi, y de el espejo que les dio origen. Como la realidad “en si” es la misma siempre, la discrepancia entre los reflejos de una misma cosa se encuentra en los diferentes espejos, es decir, en las diferentes conciencias que se relacionan con ese objeto.
De esta forma, existen tantas realidades como conciencias hay en el mundo. De la realidad “en si”, que se encuentra separada e independiente de todo ser, no podemos afirmar nada. Podríamos decir que la realidad “es” y solo eso, porque el reflejo es reflejo de algo, y sin ese algo no existiría reflejo. La realidad queda reducida a solo una hipótesis, a un concepto tan volátil que desaparecería con la mas mínima brisa.
Que es entonces, el mundo en que vivimos sino un mundo creado por mi conciencia, todos los hechos giran egoístamente en torno a mi conciencia y no puedo evitar esta verdad, porque al mismo tiempo que me hago conciente de un fragmento de realidad, lo transformo inmediatamente a un reflejo, creando a mí alrededor un universo propio.
Los hechos de la vida se pueden considerar, en esencia, vacíos y carentes de significado, como moldes que se encuentran disponibles para que uno los llene de percepción. Es lo que ponemos en estos hechos lo que crean nuestra realidad, no los hechos en si. Es nuestra insaciable conciencia, nuestro impoluto y brillante espejo el que refleja todo lo que esta a su alcance.
De esta forma, nos es inevitable crear a cada paso que damos, con solo abrir los ojos creamos un universo a nuestro alrededor y con solo girar nuestra cabeza lo destruimos y creamos uno nuevo.
Al escribir estas líneas puedo ver el papel que les sirve de sustento, blanco, frío, suave, liso e inmutable… Nada de estas cualidades que percibo como indiscutiblemente reales conforma parte del objeto.
Es solo la traducción que hace mi conciencia de la esencia del objeto, esencia que en realidad no conozco. Lo que veo en el papel son solo mis propias concepciones de suavidad, color, temperatura, etc. Que no son más que conceptos abstractos e irreales, creados por mi mismo. Lo que estoy viendo es la conformación de mi espejo, mi ser.
¿Cómo encontrar verdades universales en un mundo formado por reflejos?
No parece obvio, a la luz es estos razonamientos, que un simple hecho genere tantas opiniones, sentimientos y sensaciones diferentes. No parece obvio que la historia misma sea interpretada de manera tan diferente. No parece obvio que todo tiene que ser heterogéneo, subjetivo y polifacético.
A pesar de la obviedad de estas afirmaciones, el ser humano se sigue sorprendiendo cuando ante la búsqueda de orden, linealidad y homogeneidad solo encuentra caos, saltos y contradicciones.
El hombre puede, igualmente, sacar un provecho inconmensurable de este hecho. Porque si tu realidad no es mas que incontables reflejos de tu conciencia, significa que todo en el universo versa sobre tu ser, cada hecho, cada objeto, cada sensación… Todo brinda información sobre tu ser mas intimo.
Si todo tu universo esta conformado con reflejos creados por un espejo único que es tu ser y todo reflejo depende de la realidad “en si” y del espejo que le dio origen, entonces no haces mas que conocer y descubrir tu ser a cada instante.
¿Que ocurre cuando dos espejos se encuentran y se contraponen? ¿Qué ocurre cuando lo que estoy queriendo reflejar es así mismo también una fuente de reflejos?
En principio, sucede como cualquier objeto. Reflejo al otro ser tomando como patrón de medida mi propia conciencia, mi ser es la medida de todas las cosas, por lo tanto es normal que en una relación humana, un sujeto enaltezca en la otra persona todas aquellas virtudes que en su propio ser valora y desprecie en la otra persona todo lo que considera despreciable en si mismo.
Pero siguiendo con el razonamiento óptico, lo mas lógico de pensar es que el reflejo retorne a mi, para luego reflejarse otra vez de forma infinita. Por lo tanto las cualidades íntimas de los espejos se confunden, se entrelazan conformando una nueva entidad que puede reflejar otros hechos independientemente.
La realidad “no se ve igual” cuando uno esta solo que cuando uno esta acompañado.
Sociedades enteras pueden reflejar algunos hechos en conjunto. El nacionalismo no es más que una entidad reflejante formada por miles de espejos que comparten algo en común. Por lo tanto es común que cada nación parezca interpretar la realidad de manera diferente, y que esa diferencia genere un estado de incomprensión y desconcierto que lleve al odio y por lo tanto al enfrentamiento.
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