Zeitgeist es una palabra alemana que suele traducirse como “espíritu de la época” y trata de ponerle nombre al difuso concepto de las oleadas de patrones culturales que con cierta frecuencia atraviesan a la humanidad a lo largo de su historia. También es el nombre que se le dio a una serie de documentales muy famosos en la primera década de este nuevo siglo y en consecuencia a un movimiento contracultural que se generó a raíz de ellos e irónicamente terminó decayendo siendo presa de su propio concepto.
Es evidente que estas oleadas culturales y corrientes de pensamiento existen y escenifican momentos en donde las voluntades de gran cantidad individuos entran en fase, configurando un clima de época. ¿Las oleadas tienen una lógica? ¿Evolucionan hacia algún lado con cierta “inteligencia”? ¿Son meras mutaciones aleatorias de le consciencia colectiva como respuesta a un contexto material cambiante? ¿Son manifestaciones del espíritu absoluto como creía Hegel? ¿Son los intereses de la clase dominante de turno derramados en la población? Mucho se ha escrito sobre eso y usualmente está asociado a la pregunta de si existe o no existe un progreso humano lineal o espiralado hacia un estado superior de humanidad, o si por el contrario seguimos un ciclo cerrado de crecimiento, auge y decadencia. Tambien podria ser que andemos a la deriva, en un devenir sin sentido ni propósito hasta eventualmente, extinguirnos.
Sea como fuera, estas corrientes de pensamiento son reales, las respiramos y podemos ser conscientes de su aparición y mutación a lo largo de nuestra vida. ¿Cuál es el Zeitgeist actual?
Solo puedo escribir con las vísceras en la mano a partir de este punto. Creo que son tiempos en donde la crueldad está de moda y ser cruel es una fortaleza, son tiempos de pérdida total de empatía, tiempo de mentirosos y farsantes, tiempo de engaños, tiempos de individualismo extremo, tiempo de violentos, tiempo de matones y tiempos en donde la verdad se encuentra pulverizada bajo el martillo de los intereses mezquinos. Esto se hace evidente en todos los niveles, lo puede sentir cualquiera más allá de su voluntad consciente y cualquier razonamiento sociológico. La atmósfera de esta nueva ola te abraza y se introduce por todos los poros de tu piel… se siente fisiológicamente. Se puede respirar en el aire compartido, puede verse reflejado en ojos tristes de quien nos mira sin mediar palabra, en la mirada furiosa de quien cargado de odio nos insulta, en los espíritus resignados, en los que ya no le encuentran el sentido, en la perdida de alegría generalizada, en los corazones insensibilizados y en los estómagos asqueados.
Un signo de estos tiempos es la transmutación de algunos valores que las sociedades modernas parecían haber consolidado como progreso. Había determinado consenso sobre que puede considerarse como fortaleza o debilidad y todo eso voló por los aires. De entre todos los trastocados valores de este Zeitgeist me llaman mucho la atención la crueldad y la mentira. Crecí en un mundo en donde la crueldad estaba patente, como siempre, pero no era vista como fortaleza sino como debilidad y ser veraz era visto como base fundamental de cualquier liderazgo y no como falta de inteligencia.
El hombre siempre tuvo una relación estrecha con la crueldad, el hombre es el lobo del hombre, decía Hobbes. En cierta forma la crueldad siempre estuvo presente, admitida y tolerada en distintos grados en las sociedades humanas. Las sociedades modernas occidentales son hijas de sociedades que acudían a un coliseo a ver un show de gladiadores basado en la muerte. Hasta algunos podrían decir que la crueldad es parte constitutiva del hombre. No me refiero al cruel patológico, el sádico, que afortunadamente no es algo generalizado en la población, sino a la crueldad como moneda corriente en las relaciones humanas, como indiferencia ante el sufrimiento del otro o normalización de una práctica de poder. Se podrá discutir si el hombre es cruel por naturaleza y la sociedad con sus reglas y mucha sabiduría limita ese lado oscuro o si por el contrario, la crueldad es un gusto no innato sino adquirido producto de una sociedad que acorrala al individuo llevándolo a extremos antinaturales. Sea como fuera, lo que es indistinguible en estos nuevos tiempos es la entronización de la crueldad como un valor, una muestra de poder y una fortaleza. La deshumanización es y fué siempre el condimento fundamental para que las sociedades naturalicen y toleren altos niveles de crueldad. Hoy vemos a la deshumanización como una herramienta mortal, usada a discreción y sin compasión.
Decía Jacques Derrida que mentir es un acto consciente y no debe confundirse mentir con estar equivocado. Es decir, se puede decir una mentira sin ser un mentiroso y decir una verdad mintiendo. Lo que es importante, como siempre en los actos humanos, es la intención del que actúa. El valor ético de la verdad se encuentra en la persona veraz que es quien quiere decir la verdad, aunque pueda estar equivocado. Un signo de los nuevos tiempos es la caída en desgracia de la veracidad, su eliminación del ethos. Hoy en día ser veraz ya no solo no es valor, sino que es un signo de debilidad, especialmente en el juego político. Quien es veraz es frágil, ingenuo, inexperto y poco estratégico.
En todos los niveles, desde las presidencias de los países hasta las instituciones más pequeñas, las decisiones políticas están siendo atravesadas constantemente por la mentira y la crueldad. No son hechos puntuales sino un signo de los tiempos. Se volvió sentido común que esa es la forma en cómo debe actuar un líder fuerte en esta nueva escala de valores.
Pero, como decía Nietzsche, los espíritus fuertes son siempre y en todas las épocas quienes desafían el Zeitgeist e inevitablemente se está gestando una generación en donde serán consideradas fortalezas y valores revolucionarios la veracidad, la empatía, el sentimiento de comunidad, la compasión y el bien común. Por lo que habrá un resguardo y custodia de estos valores por gente que hoy no tendrá el poder y estará excluida del sentido común de la época. Pero estará siempre al acecho, esperando el momento propicio para dar batalla. Probablemente sea presa de mi subjetividad, pero me resulta evidente que estos valores que hoy perdieron protagonismo son evidentemente superiores y, si es verdad que existe un progreso hacia un estadio superior de humanidad, tienen que necesariamente ser parte constitutiva de las futuras sociedades tanto como la erradicación de la crueldad y la mentira.
Si es así, estos tiempos solo serán los pasos que inevitablemente hay que hacer hacia atrás cuando uno quiere correr y dar un salto grande hacia adelante.
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