Una sociedad feliz. Ese ha sido siempre el ideal último del hombre desde el principio de sus días y después de tantos miles de años no solo no lo ha conseguido, sino que no se ha acercado en absoluto. El hombre por naturaleza produce lo mejor de si en condiciones de tensión. Por alguna razón, la angustia y el sufrimiento son situaciones que abaten al hombre pero al mismo tiempo lo impulsan hacia logros mucho más altos y valiosos. El hombre necesita estar en una posición de necesidad para comenzar a producir soluciones, saltos cualitativos que lo lleven a otro contexto más favorable. Cuanto mas angustiante y desesperante es el escenario más extraordinario es su actuar. Se podría decir que el hombre economiza su rendimiento intelectual y lo reserva para momentos de necesidad. No se le puede reprochar este hecho ya que esta forma de actuar es una ley y principio de la naturaleza y el hombre no es más que el fruto más bello de aquella. Se desprende de la ley de causa y efe...